viernes, 30 de diciembre de 2011

La aventuras de Caperucita Roja

Era primavera. La mamá del lobo que intentó comerse a Caperucita Roja y que el cazador mató, tuvo más hijos. Los hijos fueron creciendo y creciendo hasta que se hicieron mayores. Un día Caperucita Roja paseaba por el bosque y un lobo de los hijitos de la loba la vio. Pensó en comérsela. Pasaban los días y días y no la cogía. Es que el lobo era muy lento, tonto y apestaba. Caperucita Roja corría muy rápido y el lobo nunca la alcanzaba. Era la mejor en clase de gimnasia. El lobo apestaba tanto que Caperucita siempre sabia donde estaba. Si un día estaba resfriada y no podía oler bien, no pasaba nada, siempre podía oír como calculaba el lobo cuanto es dos más dos. Un día el lobo se cansó y decidió ir al gimnasio cada día. Pero un día se le cayó una pesa en el pie y no fue más. Luego probó de ducharse cada día. Pero una vez se le puso el agua helada y se enfadó con la ducha. Luego probó de ir a una academia de matemáticas. Pero se dormía en las clases y lo despidieron. El lobo pensó y pensó un largo rato y luego se le ocurrió una idea. Fue a una tienda y se compró un bigote postizo. Al día siguiente, se disfrazó con el bigote postizo y fingió que estaba llorando. Caperucita pasó por ahí y le preguntó:
- ¿Qué te pasa?- Caperucita no sabía que era el lobo.
- Que.... No puedo ¡Buah Buah! - dijo el lobo.
- ¿No puedes qué?-.
- No puedo aprender a correr más rápido, no puedo aprender a ser más limpio, no puedo aprender a calcular y a hacer matemáticas. Y todo eso porque nadie me quiere ayudar ¡BUAAAAAAAAh!-.
A Caperucita le dio mucha pena y dijo:
- Yo te ayudaré-.
- ¡BIEN!- dijo el lobo.
- Primero te enseñaré a correr-.
- ¡Vale!-. Caperucita le enseñaba cada día y el lobo cada vez era más rápido. Un día, Caperucita le dijo:
- Eres muy rápido y para pasar a enseñarte a ser más limpió tendrás que ganar esta carrera a este leopardo. El lobo le ganó de paliza.
- Muy bien, mañana te enseñare a ser más limpio- dijo Caperucita.
Al día siguiente, Caperucita y el lobo hicieron ejercicios para estar más limpio.
- Recuerda, te tienes que bañar cada día y ponerte perfume cada día.... Ah y siempre lleva un ambientador a mano- dijo Caperucita.
Pasaron días y días y el lobo ya estaba muy limpio.
- Vale, muy bien, podemos pasar a las mates- dijo Caperucita.
Le hizo hacer ejercicios y le puso muchos deberes.
- Bien, ya te he enseñado ¿contento?- dijo Caperucita.
- Sí, y ahora.... ¡¡¡A COMER!!!- dijo el lobo sacácandose el bigote.
- ¡AAAAAAA ES EL LOBO!- dijo Caperucita. Corrió hacia su casa. Ahora Caperucita no sabía dónde estaba el lobo porque ya no era tan tonto. Era súper listo y le ponía muchas trampas pero Caperucita, difícilmente las esquivaba. Ahora no podía olerlo. Olía igual que el bosque y no distinguía el olor. Le resultaba difícil escapar porque era muy rápido. Hasta que un día le arrancó la caperuza y desde ese día lleva una cacerola.
- Tengo que hacer algo, ya sé, iré a la biblioteca y buscaré un libro sobre lobos- dijo Caperucita. Vio uno y lo leyó enterito.
- Así que tienen muy buen olfato y muy buena oída....- dijo Caperucita.
- ¡Ya sé!, tendré que buscar algo que de mucha mucha peste y luego algo que haga mucho ruido. Podrá correr, pensar y ser limpio pero perderá el sentido del oído y el olfato, no podrá olerme ni escucharme. ¡Es genial!-. Luego un hada le apareció delante suyo:
- Hola, soy el hada de Pinocho y te vengo a ayudar- dijo.
- ¡Guau, que chachi!- dijo Caperucita.
- Mira, ve a la casa de "Jack y la habichuela mágica" y trepa por la habichuela. Luego ve al castillo del gigante y róbale el calcetín. Eso da mucha peste- dijo el hada.
- Vale, muchas gracias- dijo Caperucita. Caperucita se iba a ir cuando el hada dijo:
- Espera, una cosa más, cuando vayas al castillo de gigante rescata de paso a Jack-. Caperucita fue a la casa de Jack y trepó por la habichuela. Llegó al mundo de los gigantes. Vio que pasaba un carro tirado por caballos y se subió a la parte de atrás. Cuando el carro pasó al lado del castillo, Caperucita se tiró. Entró por la rendija de la puerta para no hacer ruido. Estaba en el salón y vio que había un gigante leyendo el periódico. Luego entró en la cocina sin que nadie la viera. Vio una giganta cocinando. Trepó por las manijas de los cajones. Subió hacia un estante de mármol. Como llegaba la giganta se escondió en una tetera. Allí dentro estaba Jack.
- ¡Jack!- gritó Caperucita.
- Shhhh, que me descubrirán, ¿y tú que haces aquí?- dijo Jack bajito.
- He venido a buscar un calcetín de gigante que esté sucio y a rescatarte ¿me puedes ayudar?- dijo Caperucita.
- Vale, te ayudaré si tú me ayudas a buscar el arpa mágica que esta enganchada con un hilo en el cuello del gigante-.
- Trato hecho, pero empezamos por el calcetín-.
- Tengo una idea, vayamos al baño a ver que hay en el canasto de la ropa sucia-. Fueron al baño y treparon por el canasto de mimbre.
- Te recomiendo que lleves esta pinza en la nariz- dijo Jack. Se metieron en el canasto de la ropa sucia. Con las pinzas en la nariz encontraron un calcetín bien sucio.
- Este está muy bien- dijo Caperucita.
Los dos bajaron del canasto.
- Bien, ya tenemos tu calcetín y ahora tenemos que conseguir la lira mágica- dijo Jack. Fueron a la habitación del gigante y esperaron a que se durmiera. Luego subieron a la cama y treparon por el cojín. Luego saltaron al cuello del gigante y le arrancaron la lira. Saltaron de la cama pero la lira dijo:
- ¡Amo, amo, despierta que me están robando!-. El gigante se despertó y empezó a perseguirlos. Los niños corrieron y bajaron por la mata de habichuelas. Luego, cortaron la mata para que el gigante no pudiera bajar. Caperucita Roja se fue a la biblioteca donde estaba el hada.
- Ya tengo el calcetín- dijo Caperucita.
- Muy bien, ahora si quieres que pierda el sentido del oído tienes que sacarte la cacerola de la cabeza y con una cuchara de madera golpear muy fuerte.
- Buena idea- dijo Caperucita. Primero fue al bosque.
- Lobo, lobito, ¿dónde estás? Va, que soy Caperucita Roja. Te llamo para decirte que me rindo y ya me puedes comer-. Al oír el lobo eso, saltó de un arbusto con un cuchillo y un tenedor en una mano y una servilleta anudada al cuello.
- ¡Bien! ¡A comer!- dijo el lobo. Y corrió hacia Caperucita pero Caperucita le tiró el calcetín encima.
- ¡Hay, que peste, creo que perdí el sentido del olfato!- dijo el lobo. Pasó una semana y Caperucita cogió su cacerola y la cuchara de madera. Empezó a hacer mucho ruido, cada día lo hacia y el lobo pronto perdió el sentido de la oída. Pasaron unos días más y el lobo intentaba pillar a Caperucita, pero no la pillaba. Pasaron más días y
Caperucita iba la mar de contenta. Ahora el lobo no la podía pillar. Un día caminando por el bosque, se encontró al lobo con una banderita blanca. El lobo se acercó a Caperucita y le dijo:
- Me rindo, he pensado una noche entera y he admitido que me has ganado-. Caperucita dio un salto de alegría. Los tres cerditos le agradecieron mucho. Porque era el mismo lobo el que les molestaba. El lobo se hizo vegetariano y tubo muchos amigos, como Caperucita. El lobo, coció una nueva capucha de colorines para Caperucita. Y todos vivieron felices.

FIN

Paula Tomasini
Diciembre 2011