sábado, 16 de febrero de 2013

Aventura "Tamaño gusano"


-¿Queréis que os explique un cuento?- dijo la abuela Maria a sus tres nietos.
- ¡Síííí, Abuela Maria!- dijeron sus nietos.
- ¡Vale, vale! Bueno, "había una vez, una niña que se llamaba Helen. Helen no era ni alta ni baja, tenia el pelo castaño recogido en una larga trenza. Tenia los ojos verde esmeralda preciosos. Bueno, esa niña vivía en una casa en medio del bosque. Entonces un día, Helen se despertó y miró sus pies. ¡Se había vuelto diminuta! Helen corrió atravesando el bosque de mantas y sábanas hasta que se paró en el borde de su cama. No podía seguir. Si se tiraba de la cama se mataría. Así que silbó para que su gato Bigotes la llevara hacia sus padres para contarle todo. Pero el gato no venía. Estaba afuera de casa y el silbido de Helen era demasiado agudo y flojito para sus oídos gatunos. Entonces, a Helen se le ocurrió una idea. Pasó una mosca volando a la altura de la niña, Helen se cogió de las patitas de la mosca y empezó a volar. La mosca la llevaría hacia sus padres y les podría contar todo. Pero se resbaló de las patas de la mosca y se cayó. Gritó mucho pero suerte que la ventana estaba abierta y se cayó por ahí al frío y verde césped. Para ella el césped era una selva descomunal. Los tallos del césped eran de su tamaño, bueno un poco más altos que ella. Entonces aquí empieza la aventura. Intento volverse a subir a la ventana de su habitación pero estaba demasiado alta para ella. Se asustó mucho. ¿Y si ya no podría volver a su casa nunca más? ¿Y si a partir de ahora tendría que vivir con los gorriones, ardillas e insectos? ¿Pero y si no sobrevive y se la come un águila?. Entonces en ese momento, una bestia negra y con dientes afilados se acercó hacia Helen. La bestia hizo un ruido raro y Helen gritó. ¡Se dio cuenta de que era su gato Bigotes!.  El gato maulló y Helen le dijo:
- Tranquilo, tranquilo, ¡Soy yo! ¡Helen! ¿Te acuerdas?-. El gato maulló de nuevo y se fue corriendo.
- ¡No, espera! ¡No te vayas, llévame contigo! ¡No me dejes sola! ¡Bigotes vuelve!- dijo Helen, pero el gato no le hizo caso. Entonces la niña empezó a llorar. Se había perdido, no sabía donde estaba la puerta de su casa y se dijo a ella misma:
-  ¡No seas llorica Helen! Ahora lo importante es volver a casa pero antes tengo que buscar algo para desayunar que me estoy muriendo de hambre-. Caminó unos metros buscando desayuno que para una persona de tamaño normal, "unos metros" serian tres pasos. Entonces, Helen cansada de caminar, decidió descansar un poco tumbándose en el suelo. En esos momentos, cuando Helen estaba ya cerrando los ojos, un gigante tacón casi la aplasta. Helen se apartó y oyó una voz chillona que decía:
- ¡EH! ¡MIRA MAMÁ! UNA MUÑECA!-.Una niña cogió a Helen por la cintura. Helen intentó escapar pero la niña la tenía bien apretada. Tan apretada que casi no podía respirar. Entonces la niña revoleó a la "muñeca" que quedó bien agobiada la pobre Helen. La niña y su familia siguió caminando y ahora en compañía de Helen. La pobre Helen veía como se alejaba de su casa al estar a la altura de la mano de la niña. La niña golpeó con sus deditos la cabeza de Helen.
¡JAJAJAJAJA! ¡LE REBOTA LA CABEZA!- Gritó la niña. Cuando la familia llegó a su casa, la niña dejo a Helen encima de su escritorio  y le susurró:
- Ahora vuelvo! No te muevas!-. Se fue dejando sola a Helen en la habitación de la niña. Helen intento escapar. Esa niña se pensaba que ella era una muñeca y le podría hacer cualquier cosa. Pero el escritorio estaba lejos de la ventana. Vio al lado suyo un avión de papel. Corrió hacia él y lo empujó hasta el borde de la mesa y luego se subió encima. Iba muy bien, estaba yendo recto hacia la ventana. ¡Entonces se dio cuenta que la  ventana estaba cerrada! y tuvo que hacer un giro brusco hasta aterrizar fuertemente en el suelo. Luego vino la niña disfrazada con un sombrero azul con una tira rosa y una flor, una boa de color rosa y violeta, un vestido de princesa y tacones que parecían ser de su madre. Llevaba en la mano una casita de juguete. Abrió la casa de juguetes y cogió a Helen.
- Esta es La señorita Lola que vive en esta casa con sus dos hijitos y su novio Lucas...- dijo la niña jugando con Helen y un muñeco de plástico.
- ¡Ring, Ring! ¡Suena el teléfono y la empleada de la casa atiende!...- siguió jugando la niña. Helen estaba MUY agobiada. La niña la movía mucho y Helen pensaba que iba a vomitar.
- ¿Yo a la casa de la señorita Rosie? ¡Pues claro que sí! El té que hace es muy bueno y las magdalenas...- dijo la niña cogiendo a los muñecos. Luego dejó a Helen en el suelo y la miró de arriba a abajo.
- ¡Necesitas un retoque!- dijo la niña. Y tenia razón. Helen estaba aún en pijama. La niña trajo una caja llena de ropa para juguetes pequeños y le puso una chaqueta de lana muy calentita y una falda verde larga. Luego le desmontó la trenza que tenía Helen de la noche pasada y la peinó.
- ¡Estas preciosa ahora!-dijo la niña. Helen se sentía mucho mejor que antes. Después, una voz dijo:
- ¡A COMEEEEEEEEEER!-. Era la mamá de la niña que la llamaba. La niña corrió a la mesa dejando sola a Helen. Ahora Helen tenía mucho más tiempo para salir de la casa.  Una voz suave y bajita dijo:
- ¡Ei tu! ¡Aquí! ¡Te quiero ayudar!-. Helen se giró y vio a un ratón con camiseta amarilla y pantalones a cuadros que le halaba.
- ¡AHHHHHHHHHH!- gritó Helen asustada- ¿Hablas?-.
- ¡Claro que hablo! Si eres pequeña escucharás hablar a los gusanos, a las arañas, a los  pájaros...- dijo el pequeño roedor.
-Ahhh...Bueno, ¿Qué me estabas diciendo antes? ¿Qué me ayudarás ha salir de aquí?-.
- Sí, pero con un trato.-.
- ¿Qué tipo de trato?-. El ratón cogió la mano de Helen y la llevó hasta la mesa donde estaban comiendo la familia de la niña.
- Si tu me coges unos cuantos trozos de ese queso que hay allí, yo te ayudaré a salir de aquí-. Dijo el roedor.  Helen divisó un enorme queso puesto encima de la mesa.
- Pero...¡Pero eso es muy arriesgado! La niña piensa que soy una muñeca y si me ve caminando por encima de la mesa...-.
- Si no hay trato, no te ayudo a salir-.
- Bien! Vale! Lo haré! Trato hecho!- dijo Helen nerviosa. Cogió agujas, hilos y un trozo de tela con forma de bolsa, y fue a buscar el queso. Llegó a una pata de la mesa y le clavó una aguja. Luego se subió en la aguja y un poco mas arriba le clavó otra aguja, y así llegó hasta la superficie. Tuvo que esquivar cuchillos y tenedores que caían. Luego vio al otro lado de la mesa un queso riquísimo, pero se resbaló con unas gotas de zumo de naranja. Entonces hizo que el mantel se moviera y para que no la vean se tuvo que esconder detrás de una copa. Luego siguió su camino, pero justo pusieron un plato de pescado en medio haciendo que Helen no pueda pasar. "Si no puedes esquivar el pescado...¡pasa por el costado!" pensó Helen. Enganchó un hilo al borde del mantel y se tiró como una liana hasta llegar a una silla que estaba al lado de una pata de la mesa. Luego le clavó a las patas de la mesa las agujas e hizo una escalera como antes. Había pasado por al lado del pescado con gran rapidez. Después vio el queso, cogió doce trozos, seis para ella y seis para el ratón y los metió en la bolsa de tela. Pero claro, esos trozos, para nosotros, los de tamaño normal, son migas. Helen se quedó sentada en el plato del queso comiendo queso. Pero el padre de esa familia cogió el queso y...¡Lo metió en la nevera!. ¡Helen estaba atrapada, no podía salir!.
- ¡Socorro, abridme! ¡Socorro, estoy encerrada! ¡Me voy a congelar! ¡Ayudadme!- decía Helen desesperada. "¡Maldito ratón, es toda tu culpa!" pensó. "No...no es su culpa, es culpa mía por haber aceptado el trato..." siguió pensando. Pero el roedor que lo había visto todo y era muy inteligente, se subió a la mesa con las agujas clavadas que puso Helen y se metió dentro de un yogur que acababan de sacar. Luego se lo comió lo más rápido posible y salió del yogur. Cuando vieron que alguien se había comido el yogur, tuvieron que abrir la nevera para sacar otro yogur y a Helen le dio tiempo de salir.  Luego se encontró con el ratón y le dio sus trozos de queso.
- ¡Gracias,gracias y mil gracias! ¡Has estado espectacular! Siento haberte puesto en problemas...- dijo el ratón.
- Bueno, no pasa nada...¡Ahora ayúdame a salir!- dijo Helen. Entonces el roedor cogió un coche con mando a distancia y le dijo que se metiera en él.
- ¡Hasta pronto querida!- le dijo el Ratón. Luego encendió el mando e hizo que el coche de juguete fuera a tope pastilla y lo pasó por la puerta del perro. Helen había salido de la casa. Eran las tres de la tarde. Helen iba caminando mientras comía los trozos de queso que le quedaban. Caminó un buen rato. Luego vio que el cielo estaba muy nublado. Estaba a punto de llover. Entonces una gota gigante (para ella, para los de tamaño normal es una simple gotita) cayó al lado de Helen.  Helen se fue a refugiarse porque las gotas eran como bombas para ella. Corrió y corrió hasta que vio una hoja enorme que le podría servir de techo. Corrió hacia la hoja pero se tropezó y se cayó. Las gotas caían al lado suyo y una la mojó entera. Tenia la sensación de que se ahogaría en una de ellas. Pero entonces, una hormiga la cogió como si la secuestrara y la puso dentro de un hormiguero.
- ¿Estás bien?-dijo.
- Sí, gracias- dijo Helen empapada.
- Esas gotas son asesinas. Mejor no hay que acercarse.- dijo la hormiga.
- Me muero de frío, el agua helada de las gotas me ha congelado- dijo Helen.
- Espérame aquí-. La hormiga trajo una hoja del tamaño de Helen y se la puso por los lados como si fuera una manta. Luego le hizo una seña como diciendo "¡Sígueme!". Helen la siguió. Entraron en un gran comedor lleno de hormigas cantando y bailando. La hormiga reina aun no había venido.
- Siéntate aquí, estarás muy cómoda- dijo la hormiga. Dos hormigas que estaban al lado de Helen empezaron a hablar:
- ¡Hola! ¡Soy Mark! - dijo una.
- ¡Y yo Bob!- dijo la otra.
- ¿Y tú quien eres?- preguntó Mark a Helen.
- Soy Helen-.
- Bueno, ¿Qué te trae por aquí Helen?- preguntó Bob.
- Seguro que te ha traído ese pícaro de Ryan ¿No?- preguntó Mark.
- Bueno, no sé quién me ha traído, ¡para mí todas las hormigas son iguales!- dijo Helen. Mark y Bob se rieron. La hormiga que salvó a Helen de la lluvia, venía ahora con una sopa calentita.
- ¡Hola Ryan! ¿Has salvado a esta señorita?- preguntó Bob.
- Sí, estaba muerta de frío, tirada en el suelo y yo vine y la salvé- dijo Ryan.
- ¡Creo que Ryan se ha enamorado!- dijo Mark.
- ¡Cállate tonto!- se ofendió Ryan. Ryan dejó la sopa delante de Helen y le dijo que era para ella. Helen empezó a comer la sopa como loca. Le gustaba mucho. Era la mejor que había probado.
- Y bueno... ¿De qué hormiguero vienes? ¿Del que esta al lado de la copa del árbol? ¿O del de las piedras rojas?- dijo Bob.
- ¡Oh no! Yo no vengo de ningún hormiguero, yo soy una niña, una humana.- dijo Helen.
- ¿HUMANA? HAS DICHO... ¿HUMANA?- dijo Mark asustado.
- Sí, una humana, ¿Qué tiene de malo?- dijo Helen.
- ¡MIIIIIIIIIUUUUUOOOOMIIIIIIIIUUUUUOOOOOO! ¡ALERTA HUMANO, ALERTA HUMANO!- gritó Bob. Toda las hormigas del comedor gritaron menos Ryan y Helen que los miraban extrañados. Una luz roja inundó la sala. Las puertas se cerraron, menos una, que quedó abierta.
- ¡SILENCIO!- gritó una voz de mujer. Luego, una hormiga con una corona, una boa blanca y una capa rosa, entró en la sala por la única puerta abierta. Era la hormiga reina.
- ¿QUÉ ESTA PASANDO AQUI?- dijo la reina enfadada- ¡ESTABA HACIENDO LA SIESTA CUANDO EL ALBOROTO ME DESPERTÓ!-.
- ¡Una humana! ¡Señora, una humana! ¡Su majestad! ¡Una humana ha entrado en el hormiguero!- gritó Mark señalando a Helen.
- ¿QUÉ? ¿COMO ES POSIBLE? ¡SI LOS HUMANOS NO CABEN AQUI DENTRO!-. Después Bob acercó a Helen hacia la reina. La reina la examinó de  arriba a abajo.
- No está mal... ¡SE NOTA QUE ES UN HUMANO! ¿ALGUIEN LA HA TRAÍDO?-. Todas las hormigas señalaron a Ryan.
- ¿¿TÚ??? ¿SE PUEDE SABER QUE TE HA PASADO RYAN?- gritó la reina.
- Lo....Lo siento su majestad.. Es que...estaba lloviendo...y...y la vi allá pobrecita, mojada  triste... ¡Pero por favor majestad, no me corte la cabeza!- dijo Ryan arrodillándose.
- ¡ME PENSARE ESTO DE LA CABEZA, RYAN! ¡ME HAS DECEPCIONADO!-.
- Su majestad, no le corte la cabeza, he sido yo que entré sin querer, ya me iba- dijo Helen. La reina miró a la niña con cara rara y luego Helen se fue del hormiguero. Eran las cinco de la tarde. Caminando, caminando, encontró un lago enorme (para ella).
- ¿Como lo voy a pasar?- se preguntó. Cogió una hoja y la puso en el agua. Luego se subió  a la hoja pero con el peso se hundió. Las hojas no servían. Eran demasiado livianas. Así que cogió unos palos y los unió con dos pequeñas lianas. Luego le puso un palo encima. Se arrancó media falda y la enganchó al palo como si fuera una vela. ¡Se había construido su propia barca!. Se subió encima de la barca. Había suficiente viento para que la barca se moviera. Iba por allí navegando cuando un sapo gordo y verde le paró en medio de su camino.
- ¡Alto! ¡No puedes continuar! ¡Este lago es mío! Y no puedes pasar a no ser que seas yo...¡Pero como no lo eres date media vuelta y vete!- dijo el sapo.
- ¡Eh! ¿Qué es eso de allí?- dijo Helen.
- ¿Dónde?- dijo el sapo que era un poco tonto. El sapo se giró y Helen aprovechó para pasar por ahí.
- ¡Ah! ¡Maldita sea, siempre pico en este truco!- dijo el sapo. Pero se volvió a poner delante de Helen y dijo:
- ¡Por aquí no pasa nadie!-.
- ¡Por favor, déjame  pasar!- dijo Helen.
- No, ¡Ah no ser que quieras pelea! ¿eh?- dijo el sapo poniéndose en posición de pelea. Helen le dio una patada en la pata del sapo.
- ¡Au,au, au, au!- dijo el sapo dolorido.
- ¿Ya me dejas pasar bicho verde?-.
- Mmmm... ¡Me lo pensaré!-.
- ¿Quieres otra patada?- dijo Helen.
- ¡No gracias, estoy lleno!-.
- ¡Entonces déjame pasar!-.
- ¡Vaaaale! ¡Al final todos me acaban convenciendo!- dijo el sapo triste. Helen atravesó el lago. Eran las seis de la tarde. Helen necesitaba buscar un sitio para pasar la noche antes de que se oscurezca porque le parecería mas difícil. Vio una familia de pájaros encima de un árbol. Helen lo escaló hasta que llegó al nido.
- Hola... Siento molestar, necesitaría pasar una noche con vosotros- dijo Helen a los pájaros. La que parecería ser la mamá se acercó a Helen y la miró de arriba a abajo.
- No tiene alas, no tiene pico...¡Pero bueno! ¿qué tipo de pájaro es este?- dijo la pájaro.
- Mira, no soy ningún pájaro...- dijo Helen. Pero la mamá pájaro la interrumpió:
- ...¿Entonces qué animal eres?-.
- Mejor no quieras saberlo-. Dijo Helen. " Si descubren que soy una humana me tiran del árbol" pesó Helen.
- Bueno, como decía, no soy un pájaro pero...¿Me puedo quedar una noche con vosotros?- continuó Helen.
- ¡NO! Todos los pájaros menos las águilas y los mamíferos son bienvenidos aquí, y como tú no eres un pájaro, ¡lo siento!- dijo la mamá Pájaro. Luego empujó a Helen haciéndola caer por el árbol.
- ¡AHHHHHHH!- gritó Helen desesperada y cayó en una tela de araña. Se intentó mover pero no podía.
- ¡Oh no! ¡Estoy enganchada!- dijo Helen desesperada- ¡Y por ahí viene la araña! ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHH!- gritó Helen. La araña se acercó y olió a la pobre niña. Helen gritaba como una histérica:
- ¡AHHHHHHHHHHHHHH! ¡AHHHHH! ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!-.
-¡Hey tranqui tronco!- le dijo la araña- ¡yo no como animales raros como tú! ¡Yo solo como mosquitos y moscas!-.
- Uf!- dijo Helen aliviada- bueno, mira, te quería preguntar si podría pasar una noche en tu tela de araña-.
- ¡Vale! ¡Claro!-.
- Pensaba que te lo pensarías más pero me has contestado al instante-.
- Es que yo estoy muy solitaria desde que a mi marido le aplastó un pie gigante...-.
- Ah, pobrecito...-.
- Y tú, ¿Que tipo de animal eres?-.
- Mejor que no lo sepas-.
- ¡Porfiiiii! Soy muy curiosa-.
- Vale ¡Pero si me prometes que  pasaré una noche aquí seguro!-.
- ¡Prometido!-.
- Soy.... Una humana-. La araña puso cara de espantada y luego volvió a su estado normal.
- ¿Ya está? ¿No te asustas ni gritas?- preguntó Helen.
- No, lo que me pregunto es como llegaste a ser tan pequeña-.
- No sé, me desperté esta mañana y ya estaba así-.
- Hmmmff... Esto es un caso grave... ¡Mañana te llevaré a ver a Ulhulu, el doctor búho! ¡Es muy sabio y sabe muchas cosas! Estoy segura que te curará y volverás a ser como antes.- dijo la araña.
- ¿De verdad crees?-. La araña asintió con la cabeza.
- Pero ahora vamos a cenar que son las nueve-. Helen sacó del bolsillo de la falda, el ultimo trozo que le quedaba de queso.
- ¿Solo vas a comer eso?- preguntó la araña.
- Es que no tengo más comida-. La araña sacó de su espalda un grano de maíz y dijo:
- ¿Te vale con esto?-.
- Si, vale- dijo Helen. Helen se comió el grano muy rápidamente. Luego le dijo a la araña que se iba a dormir.
- Vale, pero así tendrás frío. Es mejor que te envuelva con mi saliva calentita y estarás mejor- dijo la araña. Envolvió a Helen en una masa blanca. Parecía un rollito de primavera.
- ¡Esto es asqueroso!....¡Pero se está muy bien! ¡Parece un saco de dormir!- dijo Helen. La araña la miró extrañada.
- Un saco de dormir es como una bolsa que usan los humanos para meterse adentro. ¿Sabes los gusanos cuando hacen la metamorfosis? Están envueltos como un rollo...... ¡Bah, déjalo!- dijo Helen. La araña se rió. Al cabo de un rato Helen se durmió al lado de la araña que también se durmió. Al día siguiente la araña la despertó con un vaso de leche fría preparado para Helen.
- ¡Wow! ¿Ya sabías que los humanos tomaban leche?- preguntó Helen.
- Sí, es que me he leído un libro que se llama "Los humanos y su vida" y trata de lo que comen los humanos, como viven, como duermen etc.- dijo la araña. La araña se preparó también desayuno.
- ¿Quieres batido de cuerpo de mosquito?- le ofreció la araña a Helen.
- No! Gracias- dijo Helen poniendo cara de asco.
- ¡Bueno, tu te lo pierdes!-. Después de desayunar, Helen preguntó:
- ¿Vamos a ver al doctor Ulhulu?-.
- ¡Sí,claro! Pero antes te voy a sacar de mi tela de araña-. La araña y la niña caminaron hacia la clínica del doctor Ulhulu. Saludaron a un pato que era el vecino de la araña. La clínica estaba dentro de un árbol. La araña y Helen entraron. Esperaron en la sala de espera donde también esperaba un pájaro con el ala rota, un conejo con gripe y una ardilla con varicela. Una pata enfermera entró en la sala y llamó a Helen. La araña y Helen entraron en una habitación toda blanca donde estaba sentado en una silla un búho viejo con unos enormes ojos amarillos un poco entrecerrados. Era el doctor Ulhulu.
- Que pase la paciente- dijo el doctor Ulhulu. La araña le dio un empujoncito a Helen.
- ¿Cuál es el problema de esta...humana?- preguntó el búho.
- Mire, que ayer me desperté así de pequeña y ahora estoy así, hasta creo que me he hecho un poco más pequeña- dijo Helen. El búho la miró por todos los lados hasta que dijo:
- Vale, es obvio, tienes diminutitis aguda-.
- Vale, ¿Qué pastillas me tengo que tomar?-.
- No te tienes que tomar ninguna pastilla-.
- Bueno, que jarabe entonces-.
- No tienes que tomar ningún jarabe-.
- ¿Algún jabón especial?-.
- No, ningún jabón-.
- ¿Entonces qué?-.
- Tu sola puedes curarte. ¡Es muy fácil! ¡Solo tienes que cerrar los ojos, pensar bien en ello y listo! Estarás en tu casa y ya no tendrás diminutitis aguda- dijo el doctor Ulhulu.
- Vale, pero antes quiero despedirme de mi nueva amiga- dijo Helen. Helen y la araña se dieron un abrazo muy grande y luego Helen hizo lo que le dijo el doctor. Pensó bien fuerte hasta que cuando abrió los ojos estaba en su cama. En casa. ¡Era grande! Estaban sus padres al lado y Helen les contó la aventura. Y todo volvió a ser como antes
FIN"-.
- ¿Qué?, ¿Os gustó la historia?- dijo abuela María.
- ¡Siii!- dijeron los nietos.




    FIN