domingo, 30 de junio de 2013

La maldición de la bruja





Pablo tenia el pelo castaño y con rizos. Los ojos marrones y la cara pecosa. Pablo vivía con su madre en una ciudad. Pero se tuvo que mudar a un pueblo. Viajaron dos días en coche. Era invierno. Hacia frío. Cuando llegaron se encontraron un pueblo donde casi toda la nieve lo cubría. Con dificultad llegaron a su nueva casita. Era pequeñita y acogedora. Tenia un hogar y un sofá muy cómodo. El techo era bastante bajito. Había unas escaleras que llevaban a una habitación.
- Tu habitación será la de arriba y la mía será la de abajo- dijo la madre. Pablo puso su ropa en el armario viejo de su habitación. Y como estaba aburrido le dijo a su madre que saldría afuera a jugar con la nieve. El pueblo estaba tan nevado que casi no podía caminar. La nieve le hundía los pies. Mientras, en la guarida de la bruja Viruja, preparaba su robot para ser más guapa. La bruja Viruja era la bruja más fea de todo el mundo y siempre envidiaba a las otras brujas más guapas. Tenía la nariz grande, tres verrugas en su nariz y sus cabellos grises recogidos en un moño. Tenía  la piel verdosa y los ojos negros y pequeños. Llevaba un sombrero de bruja de color  negro y un vestido largo y negro adornado con telarañas.
- Hechizos maléficos...Como convertir en sapo...¡Aquí está! ¡Secretos brujiles de belleza!- dijo la bruja leyendo los títulos de sus libros encantados- a ver...Crema de Caracol...¡Eso es! ¡Robot maquillador! "Te saca las verrugas, te oculta las arrugas  te riza el pelo y te lo tiñe. Te pinta las uñas, te pinta los ojos y te pinta los labios" - leyó la bruja.
- ¡Es perfecto para mi!  A ver, "materiales: 20 Tuercas, un martillo, 30 clavos, un destornillador, una llave y 50 kilos de madera" . Tengo las tuercas, tengo el martillo, tengo los clavos, el destornillador y la llave....¡Pero tanta madera no tengo! ¡Tendré que cortar árboles!-. Mientras, Pablo jugaba con la nieve y hacia muñecos de nieve. Entonces unos niños mayores que él le empezaron a tirar bolas de nieve mientras se reían. El gritaba y se refugiaba detrás de su muñeco de nieve.
- ¡PARAAAAAAD!- gritó Pablo. Hasta que salió corriendo. Se paró en la entrada de un bosque.
- ¿Un bosque? ¡Me encantan los bosques! ¡Y además esta al lado del pueblo!- dijo Pablo. Entró en el bosque. Un silencio lo cubría. Un sonido de campanitas mágicas se escuchaba a lo lejos. Pablo estaba asustado pero igualmente se adentró aun más en el bosque. El bosque estaba nevado.
- Es precioso...- se susurró a si mismo. Caminó más y más hasta que escuchó una melodía con flauta travesera. Se giró pero no vio a nadie. La melodía era preciosa. Venía de muy cerca. Miró hacia un árbol y creyó ver a una niña con el pelo largo y rubio claro tocando la flauta pero se escondió entre las ramas.
- ¿Hola?- dijo Pablo. Entonces un gato blanco saltó del árbol. Era tan blanco que casi se camuflaba entre la nieve. El gato maulló y Pablo se asustó tanto que volvió corriendo hacia el pueblo. Esa noche Pablo pensó quien era la persona que tocaba la flauta en el bosque. Al día siguiente, Pablo se fue a la escuela. No tenía amigos. Aunque en la hora del patio algunos niños como sabían que era bueno jugando a fútbol, lo elegían para su equipo. Cuando se acabó el patio, a Pablo le dijeron que como ya no estaba tan nevado, harían un partido contra los de octavo curso. Cuando acabó la escuela, se fue con los de su curso a jugar el partido contra los de octavo. Sacaron. Marcos tenia la pelota. Se la pasó a Juan, Juan se la pasó a Pablo pero se la quitó Carla, una niña de octavo. Carla se la pasó a Pepe, Pepe chutó y....¡GOOOOOOOL! ¡DE LOS NIÑOS DE OCTAVO!,
- ¡Pablo! ¿Pero qué te pasa? ¡Nos han marcado un gol! ¡A ver si te pones las pilas "tío"-  dijo Marcos el capitán del curso de Pablo. Sacaban los de quinto (el curso de Pablo) Sacaba Marcos. Marcos se la pasó a Helena. Helena se la pasó a Juan, Juan se la pasó a Pablo, chutó,  la pelota se desvió y se adentró en el bosque.
- ¡OHHH nos hemos quedado sin pelota!- dijo Helena.
- ¡Pablo! ¡Va ves a buscarla!- dijo Marcos. Pero Pablo le tenía miedo a ese bosque por lo del día anterior.
- ¿No sería mejor que vaya otra persona?- dijo Pablo.
- ¿Qué pasa? ¿Qué tienes miedito a que el monstruo del bosque te coma? ¡JAJAJAAJA!- dijo un niño de octavo.
- ¡No, no! Es que...me he torcido el pie...corriendo y...y me duele- dijo Pablo.
- ¡A ver niño! ¡quien la tira la va a buscar!- dijo Juan. Pablo suspiró y asintió con la cabeza. El bosque aun estaba nevado. Se escuchaban las misma campanitas mágicas del día anterior. Caminando, caminando, escuchó la misma melodía con flauta travesera. De repente la música se paró y el mismo gato saltó del mismo árbol.
- ¡MIAAAAU!-. "No te vayas corriendo, no te vayas corriendo...¡NO TE VAYAS CORRIENDO!" pensó Pablo. El gato maullaba, maullaba y maullaba. Sacó los dientes, se le erizaron los pelos y las uñas se le salieron. Hasta que una voz dijo:
- ¡Vaya, tú no te asustas con nada!-.
- ¿Quién ha hablado?- dijo Pablo.
- Yo- dijo la voz. Pablo se giró y vio en vez de un gato, a una niña de la misma edad que él. Tenia el pelo largo y rubio. La piel muy blanca y los labios fríos y azulados. Un vestido blanco cubría su cuerpo. Iba descalza y tenía unas orejas acabadas en punta. En una mano llevaba una brillante flauta travesera.
- ¿Quién eres? Yo soy Pablo- preguntó Pablo.
- Aurora, Awglaren en el idioma de los elfos-.
- ¿Cómo?-.
- Soy un elfo. Vivo en la aldea de los elfos del trébol verde. Me encargo que nadie se adentre más en el bosque y por eso me convierto en gato. Así los asusto y se van. Pero veo que tú no te asustas con nada.-.
- ¿¿¿¡¡¡¡¡ERES UN ELFO????!!!!!!- gritó Pablo. Aurora le puso un dedo en los labios y le dijo:
- ¡SHHHHH! ¡Si las brujas descubren que soy un elfo me pondrán en su colección!-.
- ¡Vale, vale! Pero..¿Por qué no me has arañado cuando eras un gato? ¡Así me habría ido corriendo!-.
- Soy demasiado floja-. De repente, un silencio sepulcral inundó el bosque. Pablo miró la flauta de Aurora.
- Veo que eras tú la que tocaba esa melodía tan preciosa-.
- ¡Muchas gracias! ¡La he escrito yo!- dijo Aurora sonriendo.
- ¿En serio? ¡Pues es muy bonita! ¿Tocas por diversión?-.
- Si. Bueno, mañana es la víspera del cumpleaños de nuestra princesa elfa Tania (Tarellethiel) y hacen una fiesta. Aunque pasado mañana ara una fiesta aun más grande. Y Tania me ha pedido que le toque una canción lenta en la víspera y por eso toco tanto. ¡Nuestra princesa se va a convertir en reina!-. El silencio sepulcral volvió a aparecer.
- Por cierto, ¿Has visto una pelota amarilla?-.
- ¿Es esa cosa redondita y que bota?-.
- Sí... ¡Supongo!-.
- Vale, ahora te voy a enseñar una cosa que no le he enseñado a nadie. Pero prométeme no decírselo a nadie-. Aurora se acerca a un árbol y tira de una ramita. Una puerta se abrió en medio del árbol y un tobogán apareció.
- Vamos. ¡Tú primero!- dijo Aurora. Pablo se tiró. Era un tobogán muy rápido en forma de caracol. Pablo Cayó en una colchoneta. Unas estanterías con objetos se alzaban a su alrededor. Pablo miraba impresionado. Las estanterías eran muy altas y llenas de muñecas, llaves, guantes, pelotas, libretas, muñequitos, chupetes...
- ¡Wow!- dijo Pablo.
- Estos son objetos que los humanos pierden en el bosque. Yo los colecciono. Me gusta descubrir que son- dijo Aurora. Pablo divisó su pelota en una de las estanterías.
- Oye, ¿Me das mi pelota?-.
- ¡Ohhhh! ¡Tengo muy pocas pelotas en mi colección!-.
- Bueeeeeno,vale, quédate con mi pelota-. Salieron del árbol por unas escaleras.
- Bueno, ha sido un placer conocer...- dijo Pablo sin poder acabar la frase porque
 escuchó unas voces que lo llamaban. Eran las voces de Marcos, Helena, Juan, Miguel, Andrea, Pedro, Tomás... En conclusión, todos los de su clase que estaban jugando a fútbol hace un rato y que lo mandaron a buscar la pelota.
- ¡Rápido Aurora! ¡Escóndete que vienen los de mi curso!- Dijo Pablo. Aurora se escondió detrás de una roca, tapada con una hoja de esas gigantes. Pero al ir tan rápido se le cayó una pulsera. Pablo se la guardó en el bolsillo y pensó que luego se la daría porque no era un buen momento. Los niños encontraron a Pablo.
- ¡PABLO! ¡Te llevamos buscando desde hace rato!- dijo Tomás.
- ¿¡Se puede saber qué estabas haciendo?!- preguntó Andrea.
- Pues...Pues....¡Buscando la pelota, claro!- dijo Pablo.
- ¡Los de octavo se van a ir a sus casas de aburrimiento porque llevan rato esperando a que traigas la maldita pelota!- dijo Miguel.
- Bueno, bueno, bueno...¿Al final has encontrado la pelota?- preguntó Marcos.
- Ehhh...Ehhh....ehhhhhmmmm.....no...- dijo Pablo. Todos los niños se quejaron.
- ¡OYE NENE, POR TU CULPA TENEMOS QUE SUSPENDER EL PARTIDO DE FÚTBOL!- dijo Helena.
- ¡LOS DE OCTAVO NOS VAN A MATAR POR HACERLOS ESPERAR TANTO!- dijo Juan.
- ¡CUANDO TENGAMOS UNA PELOTA NUEVA NO TE DEJAREMOS JUGAR EN NUESTRO EQUIPO!- Dijo Lidia.
 Pablo se fue callado hacia su casa. En el patio ya no podrían jugar a fútbol sin una nueva pelota. Al día siguiente, en el patio de la escuela, muchos de los niños que jugaban a fútbol estaban sentados en el suelo apoyados en una pared. Miraban a Pablo con cara de enfadados. Algunos niños para no aburrirse no les quedaba más remedio que saltar a la comba con las niñas de primero o jugar a la rayuela.  Todos estaban enfadados con Pablo y él estaba aburrido. Estaba pensando en Aurora y mirando las nubes. Se metió la mano en su bolsillo y sacó una pulsera. Tenia cinco cuentas, cuatro eran perlas y una era un trébol de tres hojas con una A mayúscula en el medio.  Era la pulsera de la suerte de Aurora. Siempre la llevaba puesta. Pablo pensó que se la podía llevar esa misma noche. Mientras, Viruja compró su máquina cortadora de árboles con sus ahorros mágicos. Ella podía hacer cualquier cosa por estar guapa. Planeó cortar los arboles del mismo bosque donde vivía Aurora. Y así continuaría toda la noche.  Esa noche, Pablo se despertó a las doce en punto para ir a ver a su única y mejor amiga, Aurora. Se vistió rápido y se abrigó. Se guardó la pulsera en el bolsillo y se escapó por la ventana. Entró en el bosque helado. Escuchaba una música alegre que a medida que se iba adentrando más, se iba escuchando más fuerte. Entonces vio en medio del bosque a unos veinte elfos bailando y tocando música con flautas dulces, flautas traveseras, violines y liras. Pablo se escondió detrás de un arbusto. Un elfo dijo:
- ¡ATENCIÓN TODO EL MUNDO! ¡LLEGA LA PRINCESA!-. Todos los elfos y elfas se pusieron en dos filas formando un pasadizo. Unas trompetas sonaron. Los elfos se pusieron en pose de reverencia. La princesa salió de entre los árboles. Llevaba un vestido rojo con los bordes dorados y un trébol verde en medio. Tenía el pelo marrón y ondulado unos ojos verdes y por supuesto, unas orejas acabadas en punta. "Es preciosa" pensó Pablo. Entonces divisó a Aurora. Le hizo señas para que vaya pero no hubo manera. Hasta que ella lo vio. Puso cara de enfadada y se dirigió hacia el arbusto donde estaba escondido Pablo.
- ¿¡Pero qué haces aquí?!- susurró Aurora.
- Te vengo a traer...- dijo Pablo sin poder acabar la frase.
- ¡No me vengas a traer nada, déjame en paz, niño!- dijo ella. Pablo iba a contestar cuando unos ruidos de moto sierra se escuchaban a lo lejos. El suelo temblaba. Todos los elfos gritaban. La princesa estaba preocupada.
- ¿Qué pasa?- preguntó Aurora. Pablo se encogió de hombros. Todos los elfos siguieron el ruido escondiéndose detrás de unos árboles. Pablo los seguía en secreto. Los elfos y Pablo vieron a la bruja Viruja encima de una moto sierra gigante. Estaba cortando los árboles del bosque.
- ¡Hay que hacer algo!- susurró un elfo. Todos los elfos estaban preocupados porque iban a destruir su hogar.
- ¡Aurora! Tengo un plan para parar la moto sierra. Pero los elfos me tendrán que ayudar...- dijo Pablo.
- Es un buen Plan?- preguntó Aurora.
- Si quieres parar la maquina corta árboles sí- dijo Pablo.
- ¡Entonces vale!-.
- Elfos y elfas, este niño humano nos va a ayudar- dijo Aurora. Todos los elfos gritaron.
- ¡No podemos aceptar! ¡Es un humano!- dijo uno.
- ¡QUITA ESA BESTIA DE AHÍ!- dijo una Elfa.
- Por favor elfos, tranquilos, tranquilos. Yo sé como ayudaros pero vosotros me tendréis que ayudar también. Así que si trabajamos en equipo, lograremos que no nos corten el bosque- dijo Pablo. Lo elfos se tranquilizaron y aceptaron  que Pablo los ayudase.
- ¡Bien! Este es el plan....- dijo Pablo. Les explicó todo el plan y se pusieron en marcha. Ya sabían qué posición le tocaba a cada uno. La bruja estaba cortando árboles cuando un elfo disfrazado de policía le paró.
- ¡Oiga usted, bruja! ¿Tiene permiso para conducir una moto sierra gigante? ¡Enséñeme los documentos!- dijo el "policía".
- Ehhh....Ehhh...es que creo que me lo he dejado en mi cueva.-.
- ¡Entonces le tendré que parar esa moto sierra!-. Mientras hablaban, un elfo empezó a destornillar el motor y le puso una piedra dentro. Luego lo volvió a cerrar y se escondió.
- ¡Bueno vale! ¡Se lo perdono solo por esta vez!- dijo el elfo disfrazado.
- ¡Oh, muchas gracias señor policía!- dijo la bruja.  El elfo "policía" se fue. Cuando la bruja arrancó, el motor no funcionaba.
- ¡Pero bueno! ¿Qué pasa aquí?- preguntó la bruja. Cuando empezó a destornillar un tornillo del motor para ver que le pasaba, otro elfo le tiró una piedra en la cabeza. La bruja quedó desmayada en el suelo.
- ¡SÍ, HEMOS VENCIDO A LA BRUJA!- dijeron los elfos. Agradecieron mucho a Pablo y volvieron a bailar. De repente, un ruido vuelve a aparecer. ¡La bruja vuelve volando en su escoba y se para encima de los elfos!.
- ¡JA JA JA JA JA! ¿CREÍAIS QUE ME HABÍA DESMAYADO?- dijo Viruja. Entonces con su dedo indice lanzó un hechizo a Tania y la convirtió en piedra. Luego la recogió y dijo:
- ¡JA JA JA! ¡SI QUERÉIS QUE VUELVA A SER DE CARNE Y HUESO VUESTRA PRINCESA, DESHACED EL HECHIZO ANTES DEL AMANECER! ¡JA JA JA!-. Luego se fue volando con la princesa.
- ¡Oh no! ¡Se han llevado a Tarellethiel (Tania)!- dijo un elfo.
- ¡Hay que rescatarla!- dijo Pablo- ¡Vamos! ¡En dirección a la cueva de la bruja!-. Caminaron una hora y no había rastro de la cueva. Todos estaban cansados.
- ¿Oye, no tenéis algo más rápido como un coche? ¡Estoy agotado!- dijo Pablo.
- No exactamente...- dijo Aurora. Entonces todos lo elfos silbaron y un montón de caballos aparecieron. La mayoría eran blancos. Cada elfo se subió a uno y empezaron a seguir las huellas de la bruja. Caminaron horas y horas. Los caballos estaban agotados. Hasta que cuando los caballos no podían más, Pablo justo encontró la cueva.
- ¡Mirad! ¡Esta ahí!- dijo Pablo. Entraron en la cueva. Había una estantería llena de libros mágicos. Los elfos y Pablo registraron toda la cueva pero la bruja ni la princesa convertida en piedra estaban.
- No lo entiendo. ¡Deberían estar aquí!-. Dijo Pablo - igualmente seguid registrando, puede que la haya escondido-. Todos los elfos siguieron registrando el lugar. Pablo encontró una estantería de pócimas. "Mmmm, ¡puede que con una de estas pócimas me convierta en un perro y así podré seguir el rastro de la bruja!" pensó Pablo. Entonces Pablo cogió cualquier poción de la estantería y se la bebió sin leer la etiqueta.
- ¡PABLO NO!- gritó Aurora que lo vio bebiendo la poción. De repente Pablo sintió unos ruidos raros que salían de su panza y de repente...¡Se convirtió en una mofeta!
- Ups....¡Creo que elegí la pócima equivocada!- dijo la mofeta (ósea Pablo). Entonces, un elfo gritó:
- ¡Eh mirad, un mensaje de la bruja!-. Todos los elfos y la mofeta fueron a ver.
Sabía que ibais a venir elfos, ¡Pero os he engañado! ¡No estoy aquí ni tampoco vuestra querida princesita! Ahora mejor que os quedéis quietos en este lugar...
Ponía el mensaje...
- ¿Por qué dice que nos quedemos quietos?- preguntó otro elfo. De repente, una jaula cayó encima de todos los elfos y a la mofeta, encerrándolos.
- ¡Genial!- dijo Aurora en sentido sarcástico.
- ¡Mirad! ¡Allí hay un botón para desactivar la trampa!- dijo Pablo.
- ¿Pero cómo vamos a llegar al botón?- dijo un elfo.
- ¡Pablo! ¡Tu cabes entre los barrotes!- dijo Aurora. Entonces Aurora agarró a la mofeta y la soltó y Pablo fue hacia el botón. Saltó y consiguió abrir la puerta de la jaula. Los elfos salieron de la jaula y fueron hacia la salida. Aurora se paró delante, cerró los ojos, respiró profundo y luego los abrió.
- ¿Qué haces?- preguntó Pablo.
- ¡Sé donde está la bruja! ¡Huelo su horrible olor!- dijo Aurora.
- ¡Tengo un olfato increíble!- repitió Aurora - se ha ido por ahí-. Todos siguieron a Aurora. Caminaron hasta salir del bosque. Se pararon en unas grandes rocas flotantes. Los elfos y la mofeta saltaron de una roca a otra hasta llegar al otro lado.
- ¡Aún la huelo!- dijo Aurora. Siguieron caminando hasta que entraron en un bosque tenebroso y negro. Había telarañas por todos lados.
- Aurora, ¿Seguro que este es el camino?- dijo la mofeta.
- ¡Estoy segura!-.
- ¡AHHH una araña!- gritó un elfo.
- ¡Tranquilos chicos!- dijo Aurora. Ella iba caminando hasta que se chocó contra una pared de piedra.
- Oh, oh...¿Ahora como pasamos?- dijo un elfo.
- ¡Tengo una idea! Ya que no podemos pasar todos, como Awglaren (Aurora) es la menos pesada y la más pequeñita y Pablo es una mofeta, ¡vamos a hacer una pirámide humana para que puedan subir!- dijo el elfo más astuto de todos.
- ¡Buena idea!- dijo Aurora. Los elfos hicieron una pirámide rápidamente. Aurora cogió a la mofeta Pablo y subió por la pirámide. Cuando llegaron al muro de piedra, contemplaron el paisaje. En una colina había un castillo enorme lleno de murciélagos. Estaba hecho de ladrillos húmedos, fríos y de color negro.
- ¡Wow!- dijo Pablo. Bajaron del muro y se fueron a esconder detrás de un arbusto.
- Muy bien, este es el castillo de las brujas, ahí guardan los elfos que coleccionan, compran ingredientes para las pócimas o pócimas hechas aunque son muy caras. Tenemos que entrar a buscar a Tania asi que este es el plan: hay dos brujas vigilando en la entrada del castillo. Así que tú, como eres una mofeta, desmáyalas con un pedo mortal- dijo Aurora. Y así lo hizo Pablo. Las brujas al ver la mofeta, casi se van corriendo pero cuando la mofeta se tiró un pedo las brujas se desmayaron.
- ¡Muy bien hecho Pablo!- susurró Aurora. La elfa y la mofeta entraron sigilosamente al castillo. Atravesaron pasillos con alfombras largas, rojas y llenas de telarañas. Se escondían detrás de armaduras que estaban en el pasillo cuando una bruja pasaba.  Hasta que llegaron a una puerta que ponía "Elfos".
- Esta debe ser- susurró Pablo. Entraron en la sala. Había un montón de elfos convertidos en piedra por toda la sala. Aurora divisó a Tania. Tania no podía mover nada, solo los ojos y hacer sonidos extraños con la boca. La sala era grande, con ventanas góticas que preciosos vitrales las rellenaban. Un vitral estaba roto.
- ¿Pero cómo deshacemos el hechizo?- dijo Aurora.
- ¡No se pero yo me daría prisa a deshacerlo porque son las seis y cincuenta y cinco de la mañana y dentro de cinco minutos sale el sol!- dijo Pablo. Tania empezó a mover los ojos y a hacer sonidos extraños.
- Creo que Tania intenta decirnos algo- dijo Aurora. Los ojos señalaban al único vitral roto.
- ¡Ya sé, hay que juntar los trozos de vitral roto!- dijo Pablo. Aurora y Pablo empezaron a buscar trocitos y a juntarlos con otros. Solo faltaba un trocito. La elfa y la mofeta empezaron a buscar el trocito.
- ¡SON LAS SEIS Y CINCUENTA Y NUEVE, DATE PRISAA!- dijo Pablo. Y en los últimos cinco segundos, Aurora encontró el ultimo trozo y lo añadió al vitral. Una luz fuerte salió del vitral. El sol apareció. Los elfos convertidos en piedra se convirtieron en elfos reales y Pablo se convirtió en un niño otra vez. Las brujas se derritieron y el tenebroso castillo pasó a ser un castillo precioso de color blanco. Tania y Aurora se abrazaron. También Tania y Pablo.
- ¡Estoy tan contenta de que me hayais salvado! ¡Mil gracias, gracias, gracias gracias! - dijo Tania. Todos contemplaron el dibujo del vitral. Representaba a Aurora y la mofeta juntando el ultimo trozo del vitral y los elfos aún convertidos en piedra. El dibujo era tan realista que casi parecía que estaban dentro de el.
- ¡Vaya, es precioso!- dijo Aurora. Volvieron a la aldea elfo. Todos estaban muy contentos.
- ¡Se me olvidó! ¡Felicidades princesa!, digo ¡Reina!- dijo Aurora. Todos la felicitaron.
- ¡Ahora! ¡Nombro a este humano ex mofeta por salvarme del hechizo, alcalde de esta aldea!- dijo la reina. Todos los elfos aplaudieron. Pablo estaba impresionado. ¡No sabía que seria alcalde de una aldea elfo!.
- ¡Y a ti pequeña Awglaren Stranforverdinsky, por salvarme del hechizo, te nombro....¡Princesa de aldea del trébol verde!- dijo la Princesa dándole a Aurora su corona. Aurora no se lo podía creer. Le dijeron a Pablo que siempre podría ir a visitarlos. Pero Pablo se cayó de sueño al suelo. Claro, no había dormido toda una noche. Los elfos recogieron a Pablo y lo llevaron a su casa en brazos. Entraron por la ventana de la habitación, lo pusieron en la cama y lo taparon. ¡Ah! Se me olvidaba, ¿Sabéis el castillo encantado de las brujas que se convirtió en un castillo blanco y precioso? ¡Bueno, pues el castillo pasó a ser propiedad de Tania y Aurora!
Y bueno, luego todos vivieron felices y comieron perdices
FIN